Carta de Nuestro Paciente y Amigo

Antonio Miguel comparte su experiencia con nosotros, y nos hace llegar una conmovedora carta para que la publiquemos.

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Estamos finalizando la alegría de los Reyes Magos y poco a poco volvemos a la realidad del día a día.

Llevo al menos veinte días con un dolor en el cuello que me impide girar la cabeza a los lados. Este movimiento hacia la izquierda y hacia la derecha lo tengo bastante limitado y se refleja en un dolor que me limita aún más.

Dicen que los males nunca vienen solos, y si bien es verdad que no hay que dejarse llevar por la retórica popular, a veces, la realidad le da la razón.

Hace dos días me levanté con "algo" en el hombro que me dificultaba sobremanera el poder levantar el brazo derecho, y una carga tan liviana y cotidiana como es levantar el vaso del desayuno o la cuchara para comer, me resultaba casi imposible, pues daba la sensación de pesar como un camión, al tiempo que se me formaba una bola muscular en el hombro: simplemento no podía, y en lugar de llevar el vaso a la boca, llevaba la boca al vaso; !... y no digamos la odisea para coger el vaso de la estantería!

La causa que a esto encontré: me he debido pillar el brazo durmiendo en alguna mala postura, -en unos días se me pasará-. Y no le di mayor importancia.

Esta fue la situación que me llevó a la decisión de hacer una visita al fisioterapeuta.

La pregunta, ¿a quién voy?

Lo comento y se me aconseja la clínica Javier Navarro, con muy buenas referencias y mucho reconocimiento; para mí, totalmente desconocida, clínicamente hablando.

Llendo a ella, de entrada me impresiona la cercanía que se respira sólo con traspasar la puerta. En unos minutos me atiende D. Javier Navarro Cózar, su joven titular, con una cercanía al límite. En los días sucesivos podré comprobar que así es todo el equipo que con él trabaja.

Le explico lo que me ocurre en el cuello y sin niguna preocupación me dice que no es nada, solo una serie de contracturas que en esta misma sesión me va a hacer desaparecer. Dicho y hecho. Se pone manos a la obra y en un momento desaparecen todas las limitaciones que me impedían girar la cabeza. Ha sido sorprendente, impresionante, un gran descanso.

Tantos dias... y en un momento...

Tan satisfecho estoy que me atrevo a comentarle lo del hombro y le justifico que habrá sido de dormir. Pero en este caso, su cara de positivismo previa se va transformando a medida que le explico lo que me pasa, en otra de preocupación. Se extraña muchísimo de que no pueda levantar el brazo, de que no tenga fuerza... pero no tenga ningún dolor.

Ya tiene sus sospechas de qué puede ser y así me lo explica. Me recomienda hacerme una resonancia magnética para terminar con cualqueir duda y localizar exáctamente el origen del problema. Sincero, llano, directo... me explica cuáles pueden ser las causas y cuál y cómo va a ser la solución y, sobre todo, me explica que me arme de paciencia, porque éste va a ser un tratamiento largo: siete u ocho meses; pero que puedo tener el convencimiento de que recuperaré mi brazo. -Este año los "reyes magos" no me han traído carbón, me han quitado un brazo, y como un chiquillo rompo a llorar. Más bien debo decir: como un hombre rompo a llorar. -

En un momento ya me ha concertado él mismo una cita para hacerme la resonancia. Es para el día siguiente a las 9 de la mañana. Me la hacen, la recogo y se la entrego. Confrima los temores expresados el día de ayer. Se localiza el mal entre la C3 y C4, que comprimen el nervio.

Vuelve a darme toda la confianza dle mundo en que me va a hacer recuperar el brazo. Desde ese mismo momento me empieza el tratamiento que cree apropiado. Me hace pasar por todas las máquinas que dispone y él mismo de manera directa se vuelca plénamente en mi recuperación.

Empieza a tratarme tres veces por semana, luego nos estaremos viendo dos veces por semana. Cada vez me aplica, él o su equipo, toda la tecnología de que dispone.

Nos quedan por delante siete u ocho meses.

No obstante, en el mes de marzo me ha dado el alta. Los "reyes magos" me quitaron el brazo, Javier Navarro Cózar me lo ha devuelto. Y es que no sólo ha sido el uso de todos los aparatos que tiene. Hay que saber usarlos, hay que tener la voluntad de usarlos, hay que implicarse en la recuperación del paciente como si de algo propio se tratara. Hay que tomarse a cada paciente como un reto y hay que aceptar y responsabilizarse de cada reto. Todo esto es posible con la tecnología, pero sobre todo con conocimiento, con calidad y cualidad humana. Y de estas tres últimas D. Javeir Navarro Cózar, Javi, mi amigo, está sobrado.

Gracias Javi,

Un abrazo.


Linares, 24 de mayo de 2016
Antonio Miguel

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